El Jambo nº4: Requiem por Rojillo
September 9, 2008 por Lurra
La noticia no apareció impresa en las páginas de sucesos de los diarios, ni ocupó espacio alguno en los telediarios. Matías Prats nunca comentó nada al respecto. Nadie se atribuyó la autoría del atentado, por vez primera los políticos de turno no se apresuraron a condenar ese “atropello a la democracia”, ni se personaron las autoridades policiales para realizar las pertinentes pesquisas.
Pero por estas fechas, hace ahora siete años, se perpetró un crimen atroz. Me refiero, claro, al vil e infame asesinato de Rojillo, mascota del osasunismo, que apareció muerto dentro de un contenedor en los aledaños del Sadar.
Espero que no fuera un niño el que diera con el cadáver. No quiero ni pensar en su cara, la cara de un niño que acaba de perder su infancia mientras le dice a su padre, con lágrimas en los ojos y tembloroso: “Papá, hay una mascota muerta en la basura”.
Rojillo fue una de las pocas aportaciones sensatas de la anterior junta directiva. Convocaron en Pamplona a los científicos más avezados del planeta y se les pidió que analizasen los genes de un oriundo, para así extraer la esencia del navarro y crear una mascota a su imagen y semejanza -en realidad, fue la propuesta ganadora de entre las más de 200 sugeridas por los aficionados, pero a mí me gusta contarlo así; el que quiera rigor informativo, que escuche la Cope-.
Meses más tarde, un eminente científico sueco gritó Eureka: “El navarro prototípico es cabezón, y lleva txapela“. Dicho y hecho. A los pocos días nació Rojillo, para deleite de osasunistas grandes y pequeños.
Por aquel entonces, El Sadar parecía el camerino de Mari Carmen y sus muñecos. A Rojillo le secundaba un desconcertante espantajo llamado Tranqui. ¿Alguien sabría decirme qué cojones era ‘eso’? Un muñeco andrógino sin nariz, los labios mal pintados color carmín, sus ojos arrimados a cada esquina del cogote, camiseta de tirantes amarilla (¿puede haber algo más feo en el mundo que una camiseta de tirantes amarilla?), torpe, lento, gordo (en sus entrañas cabía Shustikov sin problemas), cabezacono, deforme… ¡azul! 
Vamos, que el susodicho Tranqui era un cúmulo de calamidades, y además caminaba como Fraga. Ni a propósito. Cualquiera planta zurullos más entrañables… ¿a qué lumbrera se le ocurrió ese muñeco? ¿Y de qué puto planeta vino?
Para colmo de males, y como se estrenaban videomarcadores, eran fechas propicias para presumir de tecnología mostrando aquellas imágenes (en dibujos animados, para traumar a los críos) en las que presenciábamos una durísima discusión en un frontón, con comentarios tan hirientes, y cito textualmente, como: “ha sido pasa, cara pasa” (prefiero que me llamen hijo de puta, lo juro).
Y después, claro, aparecía aquel deforme y torpe y lento y gordo harapo azul para darnos lecciones sobre la vida y recomendarnos a todos que tranquis, que viviéramos deportivamente. Vale, lo que tú digas. Ahora, como tenga ocasión de encontrarte de bares, ni tranqui ni hostias, te juro que te arranco esa cabezacono a mordiscos. Si es que no se le puede llamar Tranqui, y esto es de cajón, a algo que sirve de saco de boxeo.
Rojillo, eso sí era un muñeco, ya lo creo. Además de mantener cierta coherencia en cuanto a proporciones, forma y color de los habitantes de este planeta, no te aburría con monsergas ni discursitos. Iba a lo suyo, feliz, correteando como loco de un lado a otro del campo, mezclándose y confundiéndose entre la hinchada, haciendo jaimitadas para provocar las sonrisas de los más pequeños (y de los más borrachos), tocándoles los cojones a los jugadores rivales que calentaban en banda o invocando a los dioses en ese ritual indio suyo del descanso que tanto gustaba a los de El Día Después.
Dioses que, por cierto, no solían estar por la labor de ayudar a los nuestros, por más bailes alrededor de un puchero y fumatas blancas, azules o rojas que el bueno de Rojillo improvisara.
Rojillo tenía que haberse quedado, con su puchero, sus fumatas y su alegría. Pero no. Al cobijo de la noche, con miserable cobardía, algún directivo desalmado de la nueva junta, raptó a nuestra mascota y le procuró una muerte nada decorosa, arrojándole sin pudor entre despojos y cáscaras de plátano (siempre que me hago una imagen mental de un contenedor de basura veo cáscaras de plátano). Triste e injusto final para alguien, un simple muñeco, sin mayor delito que el de animar a su equipo y afición.
Por mi parte, prefiero imaginar que Rojillo, al igual que Pinocho, cobró vida. Sabedor de que la nueva junta directiva no le quería, de que no volvería a saltar al césped ni animar a los suyos, de que permanecería guardado y marginado en una bajera, abocado al olvido, pasto del polvo y las telas de araña, decidió escapar para morir dignamente.
Con paso decidido, sin miedos, se dirigió al bar más cercano. En un último y definitivo homenaje a todo lo que conlleva ser de Osasuna (por algo se llamaba Rojillo), pidió con voz firme un pozal de 20 litros de patxarán y se lo pimpló de trago.
Después, con toda la dignidad que cabe esperarse de un muñeco borracho, se marchó relajado, en paz consigo mismo, a dormir su eterno y plácido coma etílico dentro de un contenedor. Así les contaré a mis nietos el ocaso de Rojillo, su historia, la historia de una mascota que murió a lo grande. Y con la camiseta de su equipo puesta.
A Íñigo Subiza, el alma de Rojillo.
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rojillo crack.vida eterna para el.PELOS CREMAS
creo que todos albergamos un pequeño trocito de Rojillo en nuestro corazón. Me he partido la caja y me han venido a la cabeza entrañables momentos del festival de muñecotes del descanso. No obstante, creo que Rojillo tenía mucho más peligro para el rival y olfato goleador con sus enormes botas de espuma que nuestra delantera estrella de aquella temporada: Armentano y Sabino
Muy grande! Rojillo es alma, vida y juventud, es la esencia del sadar. Algún día resurgirá de sus cenizas patxaran en mano para kedarse. No murió su alma no, en todos aquellos descansos incrementó su espiritu rojillo a base de brebajes y pociones anti-madridistas, las cuales le cerraron las puertas del cielo, para asentarse en un infierno ROJO y ardiente, para poder animar a su equipo de sangre, a OSASUNA.
Grande kiien eskrive , grandes los komentarios y grande el Club Siempre Club Atletico Osasuna!!! ojalaa algUnN diia se vuelva a utilizar alguna maskOtaa!!^^
Muy bueno casi me muero de risa ,menudo capullo era rojillo, con el subimos a primera y luego lo echan no me jodas…………,
Muy crak rojillo, q buenos ratos pasabamos en el sadar con el. El artículo sta bn cuando hablas de rojillo, xo creo q t as pasado bastante con lo de tranki… nadie sabiamos q bicho o cosa era xo tb los crios se lo pasaban bn con el, ad+ q culpa tiene su creador (”¿a qué lumbrera se le ocurrió ese muñeco?”, “..Cualquiera planta zurullos más entrañables… “) Lo del “asesinato” de rojillo si q m parece una injusticia, menospreciar el trabajo de otros..tb. Creo q no venia muxo a cuento lo de tranki.
aupa rojos!
Para Casti:
En primer lugar, Tranqui no pertenecía en ningún modo al osasunismo, era sólo una campaña de Educación y Deporte y, por lo tanto, NO ME LA PUEDE SUDAR MÁS.
Desde aquí mi enhorabuena a su creador, se embolsaría sus buenos dineros…
Por otra parte, en el artículo sólo pretendía comparar con sentido del humor a rojillo (auténtico) con el otro monicajo, mostrando pasión por el primero y un odio IRRACIONAL por el segundo. ¿O acaso piensas que voy por ahí, buscando de bar en bar a ver si me encuentro en alguno a Tranqui para partirle la cabeza?
Hay que ver con los susceptibles. Al final voy a tener que medir mis palabras y someterme a censura, en un blog hecho libremente por y para osasunistas, para meterme con un simple muñeco…
Saludos.
La verdad es que Tranqui tenía su encanto, ¡y era azul para transmitir paz! Sinceramente, todo un ejemplo de juego limpio y amor por el deporte. Tranqui no se perdió ni un acontecimiento deportivo que ocurriese en cualquier rincón de la comunidad foral, y siempre acudía a todos lados propagando esa imagen de calma y saber estar (por eso era lento y gordo, ¡no necesitaba otra cosa!).
Pero todo lo bueno se acaba, y Tranqui ya no volverá a posar haciéndose fotos con ese equipo de Fútbol 7 en el Colegio San Ignacio, ya no volverá a amenizar esa entrega de premios en un torneo de vela en el embalse de Alloz, ya no volverá a bailar para un público que aplaude su visita en el ¿lejano? Murchante…
Tranqui era querido, al margen de que fuera la idea de un business-man del Instituto de Deporte, porque tenía una función importante y cumplía con ella.
Pero Tranqui no volverá. Tranqui ha muerto.
Me ha gustado la prosa de Subi, la expresión de “zurullos entrañables” de Casti pero no me ha gustado el recuerdo de rojillo volviendo a mi cabeza. Se echa en falta, está bien tener un “navarro” que anime a la inchada y sirva de estandarte en los partidos de osasuna.
¿No tienen los americanos sus cheerleaders? Nosotros teníamos algo que daba ambiente a las tardes de fútbol, y que desgraciadamente ya no está.
No hay más asesino que el que mata a alguien que reúne las almas de tantas personas.