El Jambo nº8: El Pipa Gancedo
October 7, 2008 por Lurra

Después de un buen puñado de temporadas en Primera División, a uno no le resulta particularmente extraño el hecho de que jugadores del talento de Plasil, Nekounam, Juanfran, Masoud, Font, Ricardo, Monreal… se enfunden la elástica rojilla.
Como los nuevos ricos (o viejos pobres), uno se acostumbra a las dádivas que le brinda la vida y deja sus orígenes olvidados en lo más profundo del cesto de la ropa sucia.
No obstante, de cuando en cuando conviene escarbar en la memoria para descubrir que la actual plantilla de Osasuna (al margen de resultados) es más bien una rareza, un hecho poco frecuente y aislado, algo impensable aquel año en el que, un tal Lotina (el hombre sin sonrisa y con todas las arrugas del mundo dibujadas en la frente) contó con un grupo de proletarios del fútbol, jornaleros de los de hogaza de pan y botijo de vino en sus macutos, para extirparle a Osasuna sus miserias.
El precursor de ésta insólita tendencia, pionero del fútbol con clase, tiene nombre, apellido y apodo: Leonel ‘El Pipa’ Gancedo, futbolista que en el mercado de invierno de 2001 abandonó la Argentina que le vio nacer y aterrizó en Pamplona para acompañar a Osasuna en su paseo por las salvajes sendas de ‘La Liga de las estrellas’, con la difícil misión de apartar las piedras que salpicaban el camino.
El Pipa, además de ropa de abrigo y potingues para cuidar su melena, trajo en la maleta modales futbolísticos exquisitos, inéditos en una tierra de tradiciones más bien prosaicas. Y es que el ex de River era un pelotero delicado que trataba al cuero con la gentileza de un caballero; lo acariciaba en vez de castigarle con la puntera de la bota, envolvía su trayectoria con mimo y le susurraba las jugadas, desdeñando los hoscos ademanes y rudimentos de aquellos con los que, circunstancias de la vida, compartía profesión y equipo.
De hecho, el volante argentino añadió a la jerga de nuestro fútbol dos palabras. La primera fue el glamur, hasta la fecha ignoto (que me perdonen los del club de fans de Pepín). Gancedo, y esto me va a doler, era uno de esos tipos bien parecidos que encajan en el vestuario del Real Madrid, con sus pelotas rasuradas y al abrigo de unos impolutos calzoncillos de marca que no aceptan remiendos, palominos, motocroses ni la última y rezagada gotica del templado orín mañanero.

Como a todo futbolista glamuroso, le acompañaba una mujer capaz de protagonizar portadas en esas revistas “de género” que todo el mundo ha guardado alguna vez debajo del colchón. ‘La Pipa’ era un escándalo. Ella solita levantaba a su llegada (entre otras cosas), un murmullo a lo largo y ancho del Sadar.
Estaba más buena que un bocata de chori-queso, clasicazo donde los haya. Aunque prefiero dejar el tema al margen, que, en un alarde de generosidad, me apetece repartir la sangre por todo mi cuerpo.
Amén de rubias de otra galaxia, gracias a Leonel, de nuevo cualidad propia de merengones, conocimos el significado del anglicismo merchandaising. Antes de ‘El Pipa’, a un navarro de los finos, aldeanico de forma y fondo, con su txapela calzada a rosca, camisa de leñador (los tres botones superiores desabrochados, luciendo pelo en pecho), por cinturón una soga, alpargatas de esparto y, en la boca, enredando un mondadientes, no le podías citar tal palabra. Merchandaising. Imposible…
Te observaría implacable, sin apenas torcer el gesto, sujetando el palillo con índice y pulgar de su mano izquierda, daría un sosegado sorbo a su patxarán y te respondería con un rotundo: “¿Lo queeeeeeeeeeeeee”.
Pero a Gancedo las ideas se le agolpaban burbujeantes en el cerebro. Decidido a sacarle partido al jugoso sueldo que le ofreció, a ojos cerrados, Miranda, quiso tirar de imagen para montarse poco menos que un imperio en Pamplona.
Y llegó a un razonamiento empresarial de una lógica aplastante: “Ehhhh, si resulta que me llaman el Pipa… ¿por qué no saco una marca de pipas?… es más… (Gancedo siempre pensaba a lo grande) ¿por qué no saco una gama entera de frutos secos? Así fue. Difícil papeleta la de desbancar a la tradicional y siempre cumplidora bolsa de pipas Plis-Plas del estadio, y no digamos nada con el reinado de la mítica Facundo. “Y dijo el toro al morir: Siento dejar este mundo, sin probar pipas Gancedo“. No, la cosa no parecía tener mucho sentido…
Más tarde, la hiperactiva mente empresarial del Pipa le llevó más lejos todavía. No podía parar de tener ideas: “Oye, si soy argentino, y los argentinos estamos todo el puto día asado p’arriba, asado p’abajo, ¿por qué no monto un restaurante argentino?”. Y entonces la Morea vio nacer el restaurante ‘La Gauchada’.
Pero todo pelotero fino tiene sus luces y sombras, y a Gancedo le pasó lo que a tantos otros tocados por los vientos del otro lado del atlántico. Como son jugadores de respiración irregular (lo mismo cogen mucho aire que poco), a veces se les forman pequeñas bolsas de oxígeno en el cerebro y, claro, les entran las chaladuras: “Baahhh, ahora no me apetece corretear por ahí en pantalón corto, persiguiendo una cosa redonda, que además está el día destemplao y amenaza tormenta… ya se partirá el alma el peleas del Alfredito, y luego que me pase la bola”. Como cuando, en un berrinche por su condición de suplente, decidió por cuenta propia borrarse de la convocatoria en el partido que les enfrentaba al Málaga…
Eso no funciona en Osasuna. El Sadar no es pasto para haraganes. Aquí se viene a sudar la camiseta. Si además tienes clase, milagro, pero los huevazos navarros deben ir siempre por delante, comandando las jugadas, abriéndose paso a tajos entre la maleza.
Para ganarse un cántico de Indar Gorri, hay que pelear por balones imposibles, lanzar cuatro patadas a destiempo y correr rabioso detrás del rival mientras sueltas espuma por la boca y le comentas (de buen rollo) que le vas a masticar la nuez. Así lo entendieron Lotina, primero, y Aguirre poco después, desterrando en ocasiones al talentoso mediocampista al exilio del banquillo.
Estas circunstancias propiciaron que la historia de Gancedo acabase mal. El Pipa, junto con Sabino y Armentano (debió de dolerle la comparativa) se quedó sin dorsal y huyó a climas más templados. En la Morea ya no existe la Gauchada (un kebap ocupa su lugar), sus pipas no se venden y ya no hay rubias que quitan el hipo en el Sadar. Sin embargo, el aficionado rojillo difícilmente olvidará a un jugador que acariciaba el cuero y le susurraba las jugadas, rodeado de polémica, glamur, clase, frutos secos y carne asada.
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o´rey pipa…
EssTe Ombree es eL k me izO empezaR a seR Osasunista siempre! The kinG “pipa” The Booss! siempree pipitaa!
Yo me hice osasunista por su mujer, la verdad…
Recuerdo estar con el balón en la banda perdiendo tiempo, que no se lo quitaba nadie y aparecer De La Peña y meterle un patadón por detrás………. De la Peña h****** . Que clase tenía el Pipa con el balón en los pies.
jajaj Grande xD
Contra el Oviedo, aquel mítico 2-3 (perdiendo al descanso 2-0 y escuchando gritos de a segunda oe), también guardó el balón en el córner gloria bendita.
Desde que vibro con Osasuna no he visto a nadie que me ilusionara como él, de lo mejorcito cuando llegó, la pena fue que cuando empezó a renquear se le apartara del equipo.
GRANDE Leonel ‘Atleta de Cristo’ Gancedo. Hubiera estado bastante bien que hubiera estado en el club la temporada del ascenso, molaría verle la cara que pondría cuando Aitor Fresan dijo desde el balcón del ayuntamiento (y delante de la barcina y del obispo) aquello de “…sois los mejores, MECAGOENDIOOOOOSSSSSSS!!!!!”
Qué grande, muy bien narrado. Gracias a El Jambo por la historieta. Saludos desde México, gora Osasuna, gora Alavés.
Z.
bien jambo bien
SIEMPRE ESTARAN EN MI CORAZON, ESTOY EN ARGENTINA Y SIEMPRE RECUERDO LOS MOMENTOS INOLVIDABLES CON ESTA CAMISETA, SE LLENAN MIS OJOS DE LAGRIMAS PENSANDO EN VOLVER A PISAR EL CESPED DE AHORA EL REINO DE NAVARRA, EL SADAR, CUANDO TE VUELVA A VER, HE DISFRUTADO MUCHO, DIOS QUIERA ALGUN DIA HAGAN UN PARTIDO CON LOS JUGADORES ANTERIORES Y PUEDA VESTIRME DE OSASUNISTA, UN GRAN ABRAZO A TODA LA AFICION, AGUR……..PIPA