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La Pizarra de Loti: Es mucho Osasuna

January 4, 2010 por jsnagore 

A nadie debe sorprender lo acontecido ayer en el Reyno. Por estos lares es de sobra conocido que la atmósfera que circunda a un Osasuna-Real Madrid se contagia a mayor velocidad que la gripe A. El plus que tiene Osasuna anida en la capacidad de esta tierra para aunar voluntades ante un frente común. Esta virtud se eleva a la máxima expresión en partidos como el de ayer. Además, esta mentalidad confluye con las capacidades futbolísticas de este equipo y el camino escogido por su entrenador que basan en la fuerza y la intensidad nuestras posibilidades de permanencia.

En consecuencia, sólo a alguien lejano a la Comunidad Foral puede sorprender que Cristiano Ronaldo se difuminase en la noche del Reyno. Ante este panorama, el Madrid queda muy mermado y a Camacho se le presenta una situación que le viene como anillo al dedo: vestir su mensaje de raza e intensidad para hacer lo que mejor se le da, anular al rival haciéndole variar su forma de jugar.

Si dejamos lo coyuntural a un lado y atendemos a lo estructural, podemos citar ciertas deficiencias en el diseño de este Real Madrid:

  • Por un lado, el estilo del entrenador no casa con la elección de sus jugadores. Pellegrini apuesta por la posesión y la paciencia para engañar y escoger la mejor opción de progreso. Esta progresión se inclina por paredes centrales, usando los costados para mover al rival más que para profundizar. Todo ello apoyado por una distribución espacial que descansa en un doble pivote que reparte juego y cubre las espaldas a los laterales que se proyectan para dar amplitud y permitir a los interiores manifestar una acumulación de unidades por dentro para asociarse. Sin embargo, las características de los jugadores seleccionados se acoplan más a un fútbol vertical de velocidad y pegada.
  • Por otro lado, los propios jugadores no se mezclan bien entre sí. Los unos anulan a los otros provocando que el entrenador tenga que escoger entre ellos en lugar de asociarlos para potenciar sinergias colectivas. Así, Xabi Alonso y Lass no potencian las cualidades del otro, la ausencia de extremos no permite las diagonales de Alonso y arriba los movimientos de los unos no benefician a los otros. De esta manera, no paran de surgir debates de si Van der Vaart o Kaká, Higuaín o Raúl, Granero o Marcelo… El estilo depende de los jugadores escogidos, no de una idea previa.

La propuesta de ayer de Pellegrini situaba a Xabi Alonso como única referencia en la creación, con Lass recibiendo siempre de espaldas y muy encimado por Nekounam y con Marcelo desaparecido en combate. Así, Van der Vaart, Cristiano e Higuaín quedaban desabastecidos en campo rival. Sergio Ramos era el encargado de estirar el campo por derecha con Lass cubriéndole la espalda y vimos en muchas situaciones cómo era Arbeloa quien atacaba por la izquierda con Marcelo ejerciendo de guardaespaldas.

En la primera parte el resultado fue funesto para los blancos ya que no lograban meter el balón en campo de Osasuna ante la tendencia de sus hombres a alejarse de la pelota en la creación. Tan sólo un par de veces Van der Vaart encontró espacios de recepción aprovechando que Lass copaba toda la atención de Nekounam. El francés debió hacer más movimientos en beneficio del holandés, pero los funcionamientos colectivos brillan por su ausencia en el Madrid. De esta forma, Osasuna obligó a los blancos a pegar demasiado en largo ante la desesperación de Cristiano.

Los de Camacho fueron astutos al adelantar su línea defensiva, manteniéndola a 15 metros del balcón del área. La falta de fútbol merengue permitió esta disposición rojilla ya que tan sólo en algún momento de la segunda parte trenzaron el suficiente fútbol como para retrasar esa altura defensiva local. Esa incapacidad de coser jugadas invalidó también el tres para dos del Madrid en medio campo ya que nunca conseguían hacer llegar la pelota al hombre libre. De cualquier manera, Juanfran y Camuñas cerraron más de lo normal para impedir esa situación. En ese sentido, cabe también destacar el trabajo de Puñal situándose en diagonal respecto a Nekounam e impidiendo la participación de Van der Vaart para conectar con los puntas.

Si en el primer tiempo el escaso peligro se limitó al balón parado, en la reanudación la cosa cambió y el partido se abrió. Y es que el Madrid se percató de que la posición mencionada de Juanfran y Camuñas habilitaba el cambio de juego y explotaron las diagonales de Sergio Ramos. En consecuencia, escoraron a Ronaldo a la izquierda para recibir esos balones entrando más en juego. Van der Vaart pasó a la punta para equilibrar el dibujo. En esas Pellegrini debió pensar que para hacer de punta mejor Benzemá, y que para percutir por fuera mejor Granero, al que introdujo para devolver a Ronaldo a posiciones más próximas a la portería.

Las ayudas en banda rojillas ya no llegaban y cada vez que un blanco salía por dentro ante un lateral tenía opción de tiro (así llegaron dos ocasiones) y si salía el pivote habilitaba su espalda (así llegó la oportunidad de Higuaín). Esto aumentó el caudal de ocasiones visitantes pero la fortuna y un inconmensurable Ricardo frenaron la mejor virtud del Madrid, la pegada.

Camacho respondió con un trivote y con la entrada de Masoud, que junto a Camuñas lideró las contras dando sentido a los balones recuperados e impidiendo así la continuidad de las acometidas madridistas.

Desde el trabajo colectivo, hombres como Puñal, Juanfran, Masoud o Camuñas ganan confianza, se sueltan y se intercambian el balón con más soltura. Este hecho ganó peso en la segunda parte y generó más de un susto a la zaga blanca.

Final con un puntazo más que merecido. En este tipo de partidos somos un equipo de nota. Ya lo sabíamos, no era la asignatura pendiente, pero en todo caso destapan nuestras posibilidades. A ellas habrá que recurrir al encarar disputas directas frente a adversarios de menor nivel.

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