Los lunes alcohol
Porque solo así, a cubata limpio, puede uno atontar al cerebro y convencerle de que hoy es día de fútbol. Los navarros somos gentes de costumbres (buenas o malas) y a cualquiera se le puede escapar materia gris por la nariz si le cuentan que un lunes juegan Osasuna y Atlético de Madrid.
Porque sólo así, a lo loco con los txupitos, puede uno olvidar aquellos lunes de penuria que hace años nos regalaba Antena 3 y que tanto daño hicieron al fútbol. La mayor ofensa en la historia de este deporte desde que Spasic corría alegremente la banda del Sadar. Y es que comparado con los comentarios de “Arsénico” Iglesias y compañía, cortarse las venas con un cuchillo jamonero puede resultar hasta divertido.
Porque sólo así, con patxarán, cerveza o tinto, pueden a uno crecerle los huevos tanto como para atreverse a decirle a la parienta: “Cari, ¿te acuerdas de la serie esa que te gusta ver los lunes? Pues pon GolTV que juegan los rojos”. Gane o pierda tu equipo, divorcio seguro.
Porque, dios no lo quiera, como se le ocurra perder a Osasuna, al peor día de la semana sólo lo salvan todos los litros de alcohol del mundo.
Un día triste
Sí, ya sé que Osasuna agarró los tres puntos ante el Tenerife y que suma cuatro victorias consecutivas en Liga (algo impensable en una competición en la que de habitual te llevas una ostia un día sí y otro también). Ya sé que el descenso queda ahora muy lejos y que al aficionado rojillo, en un acto casi inconsciente, se le escapan los ojos a la parte noble de la clasificación.
Las cuentas de la lechera y las sumas con los dedos apuntan ahora a la Europa League, mientras las catacumbas clasificatorias, extraña y bendita novedad, se las dejamos a los aficionados de Xerez, Tenerife, Valladolid o Zaragoza. Ya sé que todo es alegría y alborozo, que el osasunista de a pie -Copa aparte- lleva cuatro semanas en constante subidón de speed. Sin embargo, a pesar de tantas buenas noticias, hoy no puedo estar feliz. Y es que ayer, de camino al campo, el viejo Alf ya no estaba.
Alf era el pastor alemán encadenado en una casona a orillas del río Sadar. Aquel que tanto ladraba antaño, en la previa de un partido, siempre que veía jaleo por el camino. Ese que últimamente se limitaba a pasear su maltrecho y añejo esqueleto de un lado a otro de sus restringidos dominios. El mismo que desde hace tantos años seguía fiel a su Osasuna.
Alf era un rojillo de los de toda la vida, un auténtico gudari. Sus ojos vieron pasar a varias generaciones de osasunistas de camino al estadio. A hijos que se convirtieron en padres; a padres que se convirtieron en abuelos. Sus oídos escucharon un sinfín de historias sobre su equipo, hasta tal punto que ningún perro ha sabido nunca tanto de fútbol. Percibió la ilusión de la hinchada antes de un partido, y a las mismas gentes emitiendo gruñidos pasados 90 minutos.
Escuchó hablar de Ziober, Bustingorri, Tiko y Morales, Trecziak o Rosado. Acompañó con ladridos aquella canción que decía: “¡Aunque Matito, Matito juegue mal, Osasuna nunca morirá!”, o esa que amablemente invitaba a Zubillaga e Irigaray a dejar sus cargos. Estuvo al pie del cañón en Segunda y en Primera, al borde del descenso o en los puestos Champions. Siempre ahí, con el ánimo intacto, rojillo como ninguno.
Hasta que, hace muy pocos días, decidió que ya valía. El perro más rojillo de la historia del fútbol dio su labor por concluida. “Bueno, yo ya he cumplido, me puedo ir tranquilo”, debió de pensar el bueno de Alf antes de dejar a su afición y a su equipo en una posición cómoda, lejos de disgustos. Y así se fue Alf, en paz con el mundo.
Ahora un San Bernardo que todavía no se ha ganado un nombre, también encadenado, también viejo y también con las dosis justas de higiene, ocupa el lugar de nuestro pastor alemán. Todavía nadie sabe si el San Bernardo se dejará el aliento por Osasuna, o si es del Madrid, del Athletic o del Cantolagua. Sólo hay una cosa segura: Mucho tendrá que ladrar para hacer olvidar a Alf, el perro de Osasuna.
La Copa es sueño
El aficionado rojillo es un ser estoico, de pocos alardes, curtido en mil batallas, manchado de fango hasta las orejas. Aquí mandan la prosa y la cruda realidad. Desde hace varias campañas está prohibido soñar. Sólo se permiten las pesadillas, que es al soñar lo que Matito al fútbol de calidad. El Freddy Crugger del descenso siempre está al acecho, tocándonos los cojones, robándonos el feliz sueño. Pero hoy NO.
Hoy, y aunque sólo sea por un día, el rojillo debe pensar en verso… ¡y hasta soñar! En su verbo y en su sueño pueden repetirse estrofas pasadas, rimas lejanas que hablaban de éxitos, Champions y Uefas, épicos poemas de una final de Copa, de un canguro de nombre Aloisi que rozaba con su testarazo los cielos, momentos en los que alguno soñó incluso con un carpintero instalando en El Sadar una balda para los trofeos…
Hoy toca soñar, por mucho que en la acepción de la RAE que nos incumbe venga a significar: “Proyecto, deseo o esperanza sin probabilidad de realizarse”. Vamos, un imposible. Parafraseando a Calderón de la Barca el verso no es más halagüeño:
Estamos
en torneo tan singular,
que la copa sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hincha rojillo sueña,
hasta que Dani le hace despertar.
¿Qué es la Copa? Un frenesí,
¿Qué es la Copa? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la Copa es sueño,
y los sueños, sueños son.
Aún así, hoy toca soñar. Que nos despierten si acaso, ¡da igual! Hasta entonces seguiremos soñando, y si nos dejan roncaremos, y si nos dejan de puro deleite se nos caerá la baba. Y si despertamos, si es que hay que despertar, ni tan mal. Son muchos años, y Freddy el del descenso ya no da ningún miedo. Pero hoy no aparecerá.
Hoy toca soñar. Que les den por culo a la RAE y a Calderón de la Barca.
El Jambo nº15: Cumpleaños feliz
El pasado domingo Osasuna inició su décima campaña consecutiva en Primera, así que nada más terminar el partido, y con las buenas sensaciones de los Aranda, Pandiani o Camuñas, me fui pitando a casa. Había preparado una fiesta acorde a semejante efemérides. Una década en la máxima categoría… ¡casi nada! Diez temporadas alojados en hoteles de cinco estrellas con un presupuesto de mochilero. Y siempre con dignidad, robando el jabón y las toallas, que aunque pobres somos gente aseada.
A la fiesta acudió una nutrida y selecta representación de la historia reciente de Osasuna. Trecziak, autor del tanto decisivo que nos aupó a la elite, llegó metiendo los codos, y un bigote seguido del bueno de Tasio del Arco saludó a los presentes con la efusividad de antaño, cuando era incapaz de negar un cordial gesto con la mano y una sonrisa así le gritara “¡Tasio!” toda la grada lateral, de uno en uno y durante los 90 minutos. También cayeron por casa el jefecillo de los seguratas del campo (pensé que esa cara de pocos amigos significaba que le habían invitado a cero o ningún cumpleaños en su tierna infancia, y quise remediarlo), el boina roja cascarrabias de la puerta de Tajonar, el loco del bombo que sube al Sadar después de calentar el instrumento detrás de la portería del Burladés, Nacho Ambriz, Lotina y Tranqui, que se auto-invitó con su poca vergüenza habitual.
El Jambo nº14: Rumore, rumore
Es increíble que esté en el mismo bar que yo. No sé qué hace en Pamplona, mucho menos en el Cordovilla, y muchísimo menos sola, entre borrachos, degustando apaciblemente unos calamares y una bola de pimiento, especialidad de la casa. Respiro hondo y me acerco a ella con la decisión que otorgan dos copas de más. No todos los días puede uno presumir de haber charlado con Rafaela Carrá…
Está guapísima, como siempre. Por ella no pasan los años. Todavía no habrá cumplido los 70 y sigue luciendo como una jovenzuela de 57. Su piel es blanca y pura como la sonrisa de un niño, y lleva un precioso vestido azul salpicado con innumerables y centelleantes lentejuelas. Es imposible que las lentejuelas pasen de moda, y ella lo sabe. Deslumbran tanto que no sé si tengo delante a Rafaela Carrá o a un Gusiluz.
El vestido deja al descubierto unas largas y finas piernas que no acaban nunca, infinitas ellas. Al mirarlas te invade la misma sensación de vértigo que a Paqui cuando subía la banda. Calza elegantes zapatos de tacón. Dios, ¡qué guapa es! Creo que me estoy enamorando…
El Jambo nº13: Mi primera vez
Rondaba los cuarenta. Todavía era virgen y ya había perdido la fe. Me moriría sin saber cómo era aquello de ‘mojar el pizarrín’. Y entonces, un domingo cualquiera de noviembre, sucedió. Dos segundos y 38 décimas extraordinarios. Un ¡¡¡por fin!!! en toda regla. Gustazo para cuerpo y alma.
Hasta donde puedo recordar (para variar, iba borracho) vino a visitarme una chavala de Almería. No era, desde luego, la más guapa del lugar, pero tenía sus virtudes. Yo estaba muy nervioso -algo normal en mi desesperada situación-, con un temblor en las piernas similar al que padeces cuando te sorprende un apretón en el monte y te ves obligado a cagar a pulso.
El estómago me hacía extraños, como si estuviera a punto de vomitar hormigón armado. Sudaba pero tenía frío, o tenía calor y tiritaba, yo qué sé. El caso es que estaba hecho una piltrafa, acongojado por la presión y las urgencias. Que eran ya 40 años… pero apreté nalgas, puños y dientes, le eché coraje al asunto y salí decidido a conquistarla.
El Jambo nº12: ‘El Violento’
A estas alturas de temporada es fácil criticar a un Osasuna esmirriado al que le falta pellejo y le sobran pulgas. Cualquiera, así le hayan practicado una lobotomía con cuchillo y tenedor, es capaz de buscarle defectos al equipo, los mismos que puedes encontrar, por ejemplo, en la Duquesa de Alba -aun a riesgo de vomitar, diré que tiene mejor delantera la Duquesa -.
Claro que también puedes tirar de optimismo, por muy insensato o aventurero que sea. Hasta al peor de los casos se le pueden encontrar virtudes. Sé lo que estaréis pensando: ¿Virtudes? ¿A la Duquesa de Alba? -mierda, efectivamente he vomitado-. Pues sí, porque por lo menos no está muerta. Y Osasuna tampoco. Así que menos derrotismos y a despreocuparse, que todavía queda un buen trecho de Liga y sólo hay margen de mejora. Pequeñas ventajas de tocar fondo… ¿y qué si a la Duquesa se le siguen cayendo las tetas?
El Jambo nº11: Delanteros con mayúsculas
Osasuna necesita desesperadamente delanteros que hagan honor a su posición en el campo. Y es que el Barça, en 20 minutos de mediana inspiración, supera el bagaje anotador de los nuestros en 810 eternas e insoportables vueltas del minutero.
La comparación hace mucha pupa, y el abismo que nos separa queda reflejado en la tabla: primer y último clasificado.
Así las cosas, Juanjo Lorenzo, disfrazado de sabueso, escudriña el mercado en busca de alimento para la camada rojilla, a la que le rugen las entrañas de tanta hambre de gol. Hocico en tierra y con el rabo en alto, siempre alerta, rastrea cualquier indicio de gol allende los siete mares, escarba en ligas tercermundistas y olfatea en la basura de los equipos de primer nivel con la esperanza de encontrar algún despojo apetitoso al que hincarle el diente.
Todo ello, con una consigna clara: Bueno, bonito y barato. La premisa, mucho me temo, suena a delantero de mercadillo, de esos que te vienen de regalo con la compra de tres pares de calcetines marca “Adhidash“.
El Jambo nº10: Árbitros de mis amores
No hace falta ser muy listo para descubrir que la “relación” de Osasuna con los árbitros no pasa por su mejor momento. Y esto viene de largo. Pienso que Navarra no es tierra de lloricas, pero los abusos y errores en contra de nuestro equipo vienen repitiéndose desde la temporada pasada, una y otra vez, sin piedad ni concesiones, hasta el hartazgo más absoluto, la desesperación y la rabieta final.
Con semejantes antecedentes, es normal que exista cierta tirantez entre ambos colectivos (el arbitral y el de la parroquia rojilla, se entiende), tensión, mal karma, tirria, animadversión… o como quieran llamarlo. Podríamos compararlo con una entrañable parejita en la que uno de ellos se sabe cornudo desde hace más de un año, y aguanta y aguanta por más que sus cuernos crezcan conforme se suceden las jornadas.
El Jambo nº9: Penitencia
Corren tiempos sombríos en los que ser de Osasuna hace pupa, en los que el fútbol no pasa precisamente por ser un deporte agradable, ni un espectáculo (quién sabe, quizá lo sea en el Camp Nou o en Old Trafford), ni ese subterfugio semanal que alivie los escozores de tus quehaceres diarios y permita que tu existencia sea un poquito menos insoportable. Más bien lo contrario…
Con franqueza, a uno le entran ganas de gritar ya basta, de empuñar una bandera blanca (la de la sumisión, que pasarse al club de Chamartín ya son palabras mayores), ondearla con brío en el aire hasta que sangren las manos e hincar las rodillas en el suelo en señal de rendición. Se acabó, me borro de ésta mierda del fútbol y de Osasuna, leñe.
El Jambo nº8: El Pipa Gancedo

Después de un buen puñado de temporadas en Primera División, a uno no le resulta particularmente extraño el hecho de que jugadores del talento de Plasil, Nekounam, Juanfran, Masoud, Font, Ricardo, Monreal… se enfunden la elástica rojilla.
Como los nuevos ricos (o viejos pobres), uno se acostumbra a las dádivas que le brinda la vida y deja sus orígenes olvidados en lo más profundo del cesto de la ropa sucia.
El Jambo nº7: Un porro, 3.000 euros
Se ha convertido en algo habitual. Abres el periódico un lunes (por la sección de deportes, claro, no vaya a ser que te mantengas informado sobre lo que ocurre a tu alrededor), y en la columna de breves que acompaña a la crónica del partido del día anterior, suele aparecer una noticia que dice, más o menos, que J.B.A., varón de 28 años vecino de la Chantrea, ha sido multado con 3000 euros por fumarse un porro en el estadio.
Así se las gastan los del Comité Antiviolencia, que no dudan en recurrir a la violencia para atizarle una buena patada en los cojones al sentido común.
¿Nos hemos vuelto ya todos locos? 1 porro=3000 euros no es una ecuación sensata. Ni de coña. Anda que no hubiera tenido que vender discos el Bob Marley para pagar recetas si le da por ser socio de Osasuna (yo sé que era rojillo, pero en la intimidad). Conste que no pretendo hacer apología del canutismo ni espero que el Reyno de Navarra se convierta en un fumadero de opio, aunque, reconozcámoslo, tendría su gracia.
El Jambo nº6: Belombo Bayamba
Cuando pasan los años, dejas de ser un chaval y te das cuenta de que, inconscientemente, te has convertido en hincha de Osasuna, adviertes también algo poco halagüeño. Inherente al cargo, se revela ante ti la seguridad de que serán más bien pocas las alegrías que te procure tu equipo y, por el contrario, muchas las penas.
Pena por descender a Segunda, pena por perder una final de Copa, pena por caer en las previas de UEFA y de Champions, pena por hacer lo propio a las puertas de una final europea, pena por no poder zumbarte a la mujer del Pipa Gancedo…
El Jambo nº5: Sueño que soy Fabián De Freitas
Ya no puedo más. Llevo tres noches durmiendo fatal, con pesadillas. La cosa no es broma. Me da miedo quedarme dormido. Y es que sueño que soy Fabián De Freitas, aquel delantero de Paramaribo, negro como el carbón (pigmentado, para los susceptibles) que allá por 1996 llegó a Osasuna con la sana intención de marcar goles.
En el sueño siempre se repite lo mismo, una y otra vez. Simons me hace un pase al hueco acojonante, a lo Laudrup, sin mirar (sí,sí, he dicho Simons) y con cuatro enormes zancadas de mis poderosas patas me planto solo, tremendamente solo, solísimo, demasiado solo, delante de la portería contraria.
El Jambo nº4: Requiem por Rojillo
La noticia no apareció impresa en las páginas de sucesos de los diarios, ni ocupó espacio alguno en los telediarios. Matías Prats nunca comentó nada al respecto. Nadie se atribuyó la autoría del atentado, por vez primera los políticos de turno no se apresuraron a condenar ese “atropello a la democracia”, ni se personaron las autoridades policiales para realizar las pertinentes pesquisas.
Pero por estas fechas, hace ahora siete años, se perpetró un crimen atroz. Me refiero, claro, al vil e infame asesinato de Rojillo, mascota del osasunismo, que apareció muerto dentro de un contenedor en los aledaños del Sadar.







